domingo, 16 de enero de 2011

LAS NIÑAS BONITAS O EPIFANÍA DE 24




Las niñas bonitas tienen las mejillas rosadas, las manos entre los cabellos fluidos, las narices pequeñas y te enloquecen con el silencio.

Toman el Té de a sorbitos, ella lo toma despacio, porque es una niña bonita, suelta unas cuantas risitas con descaro mientras yo la miro.

Le teme al fantasma de Rosita, a las noches nubladas y los ruidos impresos. Ella es como roja, rosa, naranja y blanca, se te explota en las comisuras de los labios, y te deja esa sensación de que tus manos jamás llegaran a ella, porque las niñas bonitas como ella siempre están ahí para recodarte que no puedes tocarlas y que los fantasmas, como el de la señora que se llamaba Rosita, vienen de vez en cuando, en noches oscuras a mover algunas cosas en el apartamento.

Yo no encajo en la lógica de las niñas bonitas, no puedo descifrarla del todo, siempre quedan frases incompletas, murmullos y rayones desordenados. Pertenezco a la lógica de los nudos y los colores opacos.

Ellas suelen llegar en las noches de insomnio y de cielos monocromáticos, es como si les encantara hacerte saber que no son como tus noches, ni como tus sueños, son algo más breve, ondulado y simple, son como unas tímidas pecas en las mejillas, como unos ricitos en la punta de los cabellos.

Malditas sean, todas ellas…

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